Escaparate
Por Mario Barrera Arriaga
La amenaza de invasión terrestre, la interferencia de comunicaciones del espacio aéreo mexicano y el aterrizaje inesperado de un avión militar estadounidense en el aeropuerto de Toluca forman parte de la guerra psicológica, del acoso, la amenaza y la intimidación que el gobierno de Trump está escalando a niveles preocupantes contra nuestro país y el gobierno de Claudia Sheinbaum.
El mensaje que Trump quiere enviar es claro: que el gobierno de Claudia Sheinbaum reconozca sus debilidades tecnológicas y militares y a partir de eso, sentarse a negociar bajo las imposiciones que Washington demanda.
Trump quiere desquiciar al gobierno mexicano e intimidar a todo un país. Sheinbaum mantiene cabeza fría, pero tomando previsiones: blindar militarmente las fronteras norte y sur, así como aumentar la seguridad en puntos neurálgicos como Sinaloa y Jalisco, intensificando la captura de capos de la droga.
Hay dos razones primordiales de la intimidación del imperio: la renegociación del tratado comercial, en el que Trump quiere que México revierta la reforma energética para tener acceso a su explotación, junto con el petróleo y el litio, y lanzar la advertencia de que nuestro país debe alejarse de toda negociación comercial o alianza con China y Rusia.
El acoso e intimidación militar contra México va a continuar, simplemente porque Claudia Sheinbaum no dará marcha atrás en la defensa de la soberanía y explotación de nuestros recursos, la libertad de negociar con cualquier país, y porque, a final de cuentas, la economía norteamericana depende de los productos mexicanos.
A Trump le urgen resultados, en virtud de su acorralamiento: necesita un conflicto armado internacional o una guerra civil en Estados Unidos. La razón es simple: quiere suspender las elecciones intermedias de noviembre, que lo llevan a la derrota a manos de los demócratas y, por ende, el emplazamiento a un juicio político, su destitución y encarcelamiento. Y junto con él, todos los neonazis que conforman su gobierno.
La provocación que Trump utiliza contra México la aplica en su propio país: el asesinato a manos del ICE de una madre de familia, así como el envío de un mayor número de militares a Minnesota. El problema es que el gobierno local y la sociedad están cayendo en su juego, con sus protestas y el resurgimiento de “Las Panteras Negras” armadas hasta los dientes para un enfrentamiento armado. Seguirían las balaceras, el toque de queda, la suspensión de garantías y, eureka, de las elecciones.
La toma de Groenlandia es inminente. El patético comportamiento de los países de Europa lo facilita. Mucho hace que perdieron la guerra psicológica con Trump y, en general, con el imperio. Simplemente ya se rindieron Francia, otrora cuna de la democracia moderna, Alemania, que estuvo a punto de conquistar el mundo si no la hubiera vencido Rusia, y Reino Unido, que ahora paradójicamente se doblega frente a sus otrora colonias en América.
Trump ya ganó la guerra psicológica y de acoso en Europa. En el caso México, no va a ser tan sencillo. La presidenta Claudia Sheinbaum mantiene cabeza fría, no hay exabruptos. Despliega las herramientas a su alcance: el blindaje de fronteras y aprovechar la dependencia que, paradójicamente, tiene Estados Unidos de México en materia comercial y de manufactura.
Si México tiene un futuro soberano, es en este momento en el que está puesto a prueba. Por fortuna, tenemos presidenta y un pueblo mayormente unido en torno a su nacionalismo y soberanía.
No quiero imaginar un México si hoy estuviera gobernado por la entreguista oposición…
