OPINIÓN DE ESPECIALISTAS

El Compromiso de Creer.

Hablar de creer en Dios suele sonar a algo íntimo, personal, incluso cómodo. “Creo” como quien dice: me tranquiliza, me acompaña, me da esperanza. Pero ¿qué pasa si creer no es solo una idea… sino un compromiso? Porque creer, cuando se toma en serio, no se queda en la cabeza ni en la emoción. Creer implica una postura frente a la vida. Una forma de pararse ante lo que pasa. Creer como compromiso significa aceptar que esa creencia me involucra. Que no puedo decir que creo y vivir como si nada me tocara. Que algo de lo que hago, elijo y decido empieza a dialogar con eso en lo que digo creer.

No es un compromiso para ser perfecto, sino para ser coherente. No para dejar de dudar, sino para no usar la fe como evasión. No para esperar que todo se resuelva “desde arriba”, sino para asumir mi parte.

Creer como compromiso incomoda un poco. Porque te confronta con preguntas inevitables: ¿Qué hago con lo que creo? ¿Cómo trato a los demás desde ahí?

¿Qué decisiones ya no puedo tomar igual? También implica entender que creer no te ahorra el dolor, la confusión ni el error. No te protege de la vida. Te compromete a atravesarla, sin desentenderte de ti ni de los demás.

Creer en Dios como compromiso es dejar de usar la fe solo para pedir Y empezar a usarla también para responder. Responder a lo que me pasa, a lo que me toca, a lo que puedo hacer. Tal vez creer no sea tener todas las respuestas, Sino aceptar una dirección. No una garantía, sino una responsabilidad.

Y quizá ahí, justo ahí, la fe deja de ser un refugio momentáneo Y se convierte en una forma de vivir.

Y es aquí donde creer como compromiso se encuentra con el sentido de vida. Porque el sentido no siempre aparece como una gran revelación, sino como la respuesta cotidiana a una pregunta sencilla y profunda: ¿Para qué hago lo que hago? ¿Para quién vivo lo que vivo?

Cuando creer se vuelve compromiso, deja de ser solo consuelo y empieza a convertirse en dirección. Le da sentido a las decisiones, a las renuncias, a los esfuerzos que nadie aplaude. Hace que incluso lo pequeño, lo rutinario y lo difícil no se sienta vacío.

Creer como compromiso conecta la fe con la utilidad, con la pertenencia, con la responsabilidad de elegir qué hacer con lo que me pasa. No porque todo tenga una explicación inmediata, sino porque todo puede encontrar un para qué.

Tal vez el sentido de la vida no sea entenderlo todo, Sino comprometerse con algo que valga la pena vivir, incluso cuando no se entiende del todo.

Y quizá creer en Dios, más que una respuesta final, Sea aceptar una misión:

Vivir con sentido, aun en medio de la incertidumbre.

Amado de la Rosa.

Terapeuta Especialista en Inteligencia Emocional

Para consultas contáctame al 7775673378

Sígueme en redes sociales: @amadodlarosa