Este jueves 13 de agosto, la ciudad de Cuernavaca y el país entero lamentan la pérdida de Viviana Aguilar Zendejas, la mujer cuyo instinto de protección se convirtió en un símbolo de entrega absoluta durante la reciente tragedia en la colonia Las Granjas. Viviana falleció en la Ciudad de México tras varios días de una batalla crítica contra las secuelas de las graves quemaduras y complicaciones circulatorias derivadas del siniestro.
Su historia trascendió el ámbito de la noticia local para convertirse en un testimonio de amor incondicional.
En el momento en que una nube de gas se transformó en un incendio devastador tras la explosión de una pipa, Viviana no buscó refugio para sí misma, sino que utilizó su propio cuerpo como escudo para cubrir a su hija de tan solo seis años. Gracias a este acto, la pequeña logró sobrevivir a las llamas, resguardada por la valentía de una madre que decidió anteponer la vida de su hija a la suya propia.
El camino médico de Viviana fue arduo. Inicialmente fue atendida en el Hospital Magdalena de las Salinas y, debido a la complejidad de su estado, fue trasladada al Centro Médico Nacional La Raza, donde finalmente su cuerpo no resistió más a pesar de los esfuerzos del personal de salud. Su partida deja un vacío profundo, pero también un eco de heroísmo que resuena en todo el estado de Morelos.
Más allá del dolor que embarga a su familia, la figura de Viviana Aguilar Zendejas queda grabada como una heroína cuya valentía expone la gravedad de las negligencias e irresponsabilidades que permitieron este desastre. Mientras la sociedad despide a una mujer que dio su vida por la de su hija, prevalece el llamado ciudadano para que su sacrificio no sea olvidado y para que se haga justicia ante la tragedia que cobró su vida.

