Por Mario Barrera Arriaga
Para entender lo que puede ocurrir en México, lo que se juega a nivel geopolítico, hay que analizar lo que podría ocurrir después de la caída de Nicolás Maduro.
Con el control de Venezuela, Trump:
- Se queda con la mayor reserva mundial de petróleo. No es para Estados Unidos, sino para él, sus aliados y las grandes empresas.
- De un país quebrado, Estados Unidos vuelve a ser solvente, al apoderarse de una de las mayores riquezas globales.
- El petrodolar estaba por desaparecer porque ya se compraba petróleo con moneda de cada país. Ahora será de nuevo con el petrodolar. Estados Unidos vuelve a tomar el poder energético global.
- Con eso, recupera tambien el control financiero global.
- El generoso Trump será el proveedor del mundo en materia petrolera: le venderá a China y Rusia sin mayor problema. Eso nadie lo cree.
México está en la mira ahora por las mismas razones de control geopolítico: - Tomará las riquezas energéticas de nuestro país, como el petróleo y las tierras raras, como el litio.
- Tomar a México impide toda posibilidad de alianza con China y Rusia y de apoyo militar para defenderse del imperio y detiene la penetración de esas naciones en Centro y Sudamérica.
- También rompe la alianza Mexico-Canadá, que está en proceso de consolidación y que tiene por objetivo excluir a Estados Unidos del tratado comercial, para que el imperio doblegue por separado a ambas naciones.
- Tomar a México le permite no solo tener control de la frontera sur de Estados Unidos, sino la de México con Guatemala, Centro y Sudamérica, y tener el control absoluto a nivel aéreo y marítimo de la región.
Estas son las razones que mueven a Trump para controlar Venezuela y México. Eventualmente irá por Groenlandia y convertirá a Canadá en un estado más de la Unión Americana.
Suena muy sugestivo en el papel: hacer del mundo un negocio. La democracia, la ley, las instituciones y las personas no importan para Trump, quien es la cara visible de los dueños del poder economico del mundo.
El problema para Trump es que no está considerando el peso que tienen otras naciones en un mundo ahora multipolar. Estados Unidos quiere la hegemonía subordinada a sus intereses. Su problema es que otras potencias quieren lo propio.
Rusia y China van a convencer a Trump de un nuevo reparto del mundo, si no quiere una confrontación que puede ser incluso nuclear. En armamento, Rusia supera al Tío Sam. En tecnología, China es superior al anquilosado viejo imperio.
Europa, medrosa y dependiente tanto de Estados Unidos, así como de Rusia y China, es una nulidad vergonzante. Reino Unido, solo, no tiene peso. Se uniría a alguno de los bandos.
Estados Unidos, Rusia y China parecieran ignorar que en la negociación tienen que sumar a medio oriente y en lo particular a Israel, a los judíos, porque al margen de su riqueza, son fundamentalistas dispuestos a morirse en la raya.
Es triste considerarse mudo e impotente testigo de un nuevo reparto de las riquezas globales que puede derivar de un nuevo reparto del mundo. Pero hay algo peor: si no hay acuerdo, estamos ante el peligro de una guerra mundial.
Ahora bien: las posibilidades de un nuevo reparto de territorios y riqueza globales son remotas. EU no renunciará a ser el dueño del mundo para compartirlo. Medio Oriente es el pueblo elegido y al resto de paganos que pueblan el globo solo resta ser esclavos o desaparecer. China y Rusia tampoco cederán ante la posibilidad de ocupar el lugar que creen merecer en el control global.
Sinceramente, espero equivocarme. De lo contrario, ignoro quién gobernará un pedazo de roca muerta flotando en el espacio después de un masivo ataque nuclear…
