Por Mario Barrera Arriaga
Del “sueño” a la pesadilla americana. Eso describe el primer año del segundo mandato de Donald Trump. Y ahora, Estados Unidos se encuentra al borde de una guerra civil.
No se trata solamente del descontento generalizado que la sociedad norteamericana tiene contra el supremacista republicano. Ahora, ha vuelto a escena el Partido de Las Panteras Negras.
Se trata de una organización surgida en la década de los sesenta, confirmada por afrodescendientes, que se encargaron de organizarse, defenderse, estructurar la resistencia para exigir el respeto de los derechos civiles de ciudadanos otrora esclavos y víctimas de vejaciones.
Este grupo no solo defendía sus derechos arma en mano. Las Panteras Negras organizaban a las comunidades, los alfabetizaban, les enseñaban el contenido de la Constitución y los derechos ciudadanos y estructuraron sistemas lo mismo para atender problemas de salud como de educación.
Su fuerza llegó tal magnitud no solo por las armas, sino porque demostraron que sus comunidades podían sobrevivir, autoabastecerse, vivir en paz y alcanzar su desarrollo sin la intervención del estado.
En eso radicaba el poder de esta organización: comunidades educadas defendiendo sus derechos y desarrollándose, demostrando que NO necesitaban del gobierno en turno.
Para la autoridades norteamericanas esto resultaba un atentado a su supremacismo, lo mismo que una amenza en el terreno de lo político-electoral. Y la respuesta no se hizo esperar: a través del FBI, el gobierno se infiltró en sus organizaciones, saboteó su movimiento y los reprimió.
Varias reflexiones en torno a este suceso: el movimiento demostró que podía promover el desarrollo organizando y preparando sus comunidades; que dentro de la ley, podían ser autosuficientes, sin esperar que gobiernos racistas se ocuparán de resolver sus problemas y que incluso, en el sistema de partidos, podrían competir electoralmente por cargos públicos y la presidencia en paz social.
Y las reflexiones giran en torno a que, por ejemplo en el caso México, las oposiciones que dicen vivimos en una dictadura, nunca se han organizado para apoyar a la sociedad y promover la satisfacción de sus necesidades. Dejan en claro que les interesa el poder y no la atención de los sectores sociales. Por tanto, no solo los malos gobiernos de PRI y PAN perdieron el poder y se ven muy lejos de recuperarlo, sino que para la mayoría no tienen ya ninguna razón de existir.
En el caso de los Estados Unidos, el movimiento del Partido de Las Panteras Negras ha resurgido ahora que la Casa Blanca ha sido secuestrada por un supremacista que, además de su manifiesto racismo, ahora también está asesinando a su pueblo y violando sistemáticamente sus derechos civiles.
Fuertemente armados, recuperan su esencia también: la organización de sus comunidades para la defensa de los derechos.
No obstante, como en los 60, corren el riesgo de ser arrasados por la Guardia Nacional y el Ejército. Eso es, justamente, lo que Trump quiere: que opongan resistencia para dar el pretexto de aplastarlos, reprimirlos y, bajo esta supuesta amenaza, acusarlos de resistencia ante disposiciones federales, poblar de militares las calles y suspender las elecciones intermedias, que desembocan en la pérdida del poder y, eventualmente, su destitución y encarcelamiento.
Mucho tenemos que aprender de lo ya sucedido en los 60 y ahora en pleno siglo XXI: la posibilidad de una sociedad organizada, pero también el riesgo de violentas represiones.
La moneda está en el aire, pero ninguna de sus caras habla de una solución sencilla y mucho menos pacífica.
Un breve parte de guerra: han sido filtrados a la opinión pública documentos en los que se exponen los planes de Trump para invadir ahora Canadá, que recientemente ha firmado convenios de colaboración e inversiones con China.
Ahora queda claro que Trump va por Groenlandia, Finlandia y Canadá, considerando que supuestamente ya tomó control de Venezuela. Así lo ilustró el propio Trump mediante una foto modificada con inteligencia artificial con un mapa en el que se exponen los países que quedarán bajo dominio de Estados Unidos.
Esperemos que solo sean distractores para no mirar las implicaciones del caso Epstein, cuyas víctimas ya amenazaron a Trump con dar a conocer los nombres de políticos, empresarios y magnates involucrados.
A Trump se le acaba el tiempo, por eso intentará actuar rápido, antes de que pierda el poder.
