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Celebran la obra del padre William Wasson, fundador de Nuestros Pequeños Hermanos

Al escuchar el nombre de “su padre”, su rostro se transforma: ni los años, ni las carencias o su dura experiencia de vida, pesan. Sus ojos se llenan de nostalgia y sus labios, nos hablan de alegría, de música, agradecimiento y paz. Ellos y ellas, nos comparten la experiencia de haber tenido en el sacerdote William Wasson y en Nuestros Pequeños Hermanos, un entorno seguro y amoroso, que les cambio la vida.

Son los integrantes de la generación 1975-1979 de la escuela Normal para Maestros de Nuestros Pequeños Hermanos, quienes se reunieron para celebrar la amorosa misión que un joven americano, ordenado por el Obispo Sergio Méndez Arceo inició desde la iglesia de “Tepetates”—con el rescate de un menor que por hambre robaba las limosnas del templo–, y que no solo cambio su vida, sino la de miles de niños en condición de pobreza.

William Wasson dedicó 50 años de su vida a servir como figura paterna, proveedor y maestro de más de 20.000 niños huérfanos, abandonados y pobres. Lo que comenzó como un gesto de amor se convirtió en una organización dedicada a cambiar la vida de los niños en México, Honduras, Haití, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, República Dominicana, Perú y Bolivia, dando servicios de educación, alimentación y protección.

A lo largo de los años, la obra del padre William Wasson, bendijo a miles de niñas y niños. Hoy, resulta urgente recuperar la esencia y formación de Nuestros Pequeños Hermanos, basado en los cuatro principios fundamentales: amor, compartir, trabajo y responsabilidad.